Brasil - Salvador/Bahia, 12 a 19 de abril de 2010
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Brasileños de distintos perfiles tras bastidores del congreso

Para organizar el 12º Congreso de Naciones Unidas em Prevención al Crimen y Justicia Criminal, es necesario mucha gente con voluntad para trabajar

Desde el grupo de limpieza hasta al técnico más calificado, son las dos mil personas trabajando en el 12º Congreso de Naciones Unidas en Prevención al Crimen y Justicia Criminal, de acuerdo a los informes del coordinador ejecutivo del evento, Renato Porciùncula. “Este es el staff movilizado por el Ministerio de Justicia para la mantención y el funcionamiento del congreso” dijo. Esto sin contar con los mas de mil Policías Federales, militares, civiles, bomberos, brigadistas y cuerpos especiales de seguridad, además de 200 colaboradores de distintas ONG´s.

Inmediatamente en la entrada, la Policía Federal y agentes especiales de Naciones Unidas comparten espacio con los equipos de rayos X, que estos pueden detectar hasta material radioactivo. “Nosotros cuidamos más de esta parte y principalmente de la seguridad de los jefes de Estado. Los oficiales de la ONU quedan a cargo del edificio”, comenta Artur Kern, policía Gaucho con acento bien marcado. 

Por donde se pase, hay jóvenes bonitas capaces de responder en inglés, vestidas con blazers negros y zapatos del mismo color, con un inconfundible lazo azul; ellas están listas para ayudar en practicamente todo. Clara Albuquerque, 22 años, estudiante de biología, es una de ellas: “Mi parte consiste en cuidar del registro y las credenciales de las delegaciones que van llegando” explica.

También están los grupos de limpieza, camareros, camareras distribuyendo bebidas constantemente, técnicos, etc. Un grupo que trabaja duro desde el inicio de la mañana hasta el fin del día. Mas cuando el asunto es hablar en inglés, el equipo se anima y disputa entre ellos para ver quién ha aprendido más en los corredores. “Yo ya sé decir coffee y sugar”, se enorgullece Jandaíra dos Santos, que sirve cafés en el cuarto piso. “Hasta ya llego diciendo buenos días, y ya me entienden”, comenta Adriana Neves. Al final, lo que va a quedar es la alegría de los baianos y un enriquecimiento sin igual, inclusive también para quien solo está trabajando. Y ellos, los visitantes, según la percepción de Jandaría, “se llevarán a cambio nuestra sonrisa”.